07 septiembre 2009

HAARLEM Y EL ALBAÑIL

Cuando de Amsterdam el gallo de oro cante, la gallina de oro de Haarlem pondrá.
Las Centurias, de Nostradamus

Haarlem, esa admirable bambochada que resume la escuela flamenca. Haarlem, pintado por Jan Brueghel, Peeter Neefs, David Teniers y Rembrandt.

Y el canal donde tiembla el agua azul, y la iglesia cuyas vidrieras de oro resplandecen, y el stöeb donde la ropa se seca al sol, y los tejados, verdes de lúpulo.

Y las cigüeñas que aletean en torno al reloj de la villa, estirando el cuello desde lo alto del cielo y recibiendo en el pico las gotas de lluvia.

Y el despreocupado burgomaestre que acaricia con la mano su papada, y el enamorado florista que se consume con la mirada clavada en un tulipán.

Y la gitana que se desvanece sobre su mandolina, y el anciano que toca el rommelpot y el niño que infla un odre.

Y los bebedores que fuman en la lóbrega taberna, y la criada de la hospedería que cuelga en la ventana un faisán muerto.
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stöeb: Balcón de piedra.
rommelpot: Instrumento de música [parecido a la zambomba].

2. el albañil
El maestro albañil.
—Mirad esos baluartes, esos contrafuertes;
parecen construidos para la eternidad.
Schiller, Guillermo Tell

El albañil Abraham Knupfer canta, con la llana en la mano, en un andamio por los aires, tan alto que, mientras lee los versos góticos de la campana mayor, nivela con los pies la iglesia de los treinta arbotantes y la ciudad de las treinta iglesias.
Ve cómo las tarascas de piedra vomitan el agua del tejado de pizarra en el abismo confuso de las galerías, ventanas, pechinas, campanillas, torrecillas, tejados y andamiajes, que el ala dentada e inmóvil del terzuelo mancha con un punto gris.
Ve las fortificaciones que se recortan en forma de estrella, la ciudadela que se pavonea como una gallina ante una hogaza, los patios de los palacios donde el sol seca las fuentes, y los claustros de los monasterios donde la sombra gira en torno a los pilares.
Las tropas imperiales se han alojado en el barrio.
Allí va un jinete tocando el tambor. Abraham Knupfer distingue su sombrero de tres picos, sus agujetas de lana roja, su escarapela ribeteada con un cordón y su faldón atado con una cinta.
También ve en el parque engalanado con gigantescas enramadas, sobre anchos prados color esmeralda, a unos soldados que acribillan con los disparos de sus arcabuces a un pájaro de madera ensartado en la punta de un mayo.
Y por la tarde, cuando ya se había dormido la armoniosa nave de la catedral, acostada con los brazos en cruz, Abraham Knupfer vislumbró desde la escalera, allá en el horizonte, un pueblo incendiado por las gentes de la guerra y que resplandecía como un cometa en el azur.

"Gaspard de la Nuit", Aloysius Bertrand




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